1 jun. 2010

Narco: cinco dimensiones

Eduardo R. Huchim
Cartón Carton Hernández

La violencia y la desmesura que ha alcanzado la delincuencia organizada, cuya influencia invade ya amplios segmentos de la economía formal, hace cada vez más nítida -como lo he planteado anteriormente- la necesidad de un pacto nacional entre todas las fuerzas políticas del país, cuyo primer objetivo debe ser la corrupción que se manifiesta de muchas maneras en México. Por lo apremiante de ese pacto, debe ser bienvenida la propuesta del Diálogo para la Reconstrucción de México (PRD, PT y Convergencia), que plantea un "Acuerdo nacional para frenar la escalada de violencia y fortalecer el Estado de derecho". Aunque hasta ahora el eco no se ha escuchado, tiene suma importancia el hecho de que, al fin, una fuerza política relevante se percate de esa necesidad y actúe en consecuencia. Sin desestimar ningún tema, un pacto nacional incluyente tendría que empezar por revisar la "guerra" calderonista, que en sus términos actuales está fracasando y, como algunos lo previmos con pesar desde su inicio, el error de enviar militares a realizar tareas para las que no están capacitados le está costando literalmente sangre a la sociedad. La militarización de la lucha antinarco no sólo es errónea sino que ha lanzado a la clase política a una poco útil discusión para adecuar la ley y regularizar lo irregular. Ése es otro error: la anormalidad de tener fuerzas militares en las calles se corrige devolviéndolas a sus cuarteles, no reformando leyes.


Edgardo Buscaglia, cuyas credenciales como consultor y académico son bien conocidas, ha expuesto reiteradamente una manera sensata de abordar la lucha contra la delincuencia organizada, que -conviene tenerlo presente- no se dedica sólo al tráfico de drogas, sino a una veintena de delitos más, entre ellos el secuestro, la extorsión, la trata de personas y la piratería(lista completa, Reforma, 30/08/09). Con base en la Convención de Palermo (acuerdo antidelincuencial auspiciado por la ONU y suscrito por México y más de 120 países), Buscaglia plantea las siguientes cuatro dimensiones (citadas muy sintéticamente) para el combate y la prevención de la delincuencia organizada: a) Anticorrupción. Creación y operación de un efectivo programa contra la corrupción al más alto nivel. El prestigiado experto suele poner como referencia los esfuerzos anticorrupción de EU e Italia y, en particular, el caso reciente de Colombia, donde se procesó al 32% de los legisladores de todos los colores políticos y a decenas de gobernadores y alcaldes por corrupción y/o por complicidad con el narcotráfico o paramilitares. b) Patrimonio. Creación y operación de un efectivo programa de desmantelamiento patrimonial de los delincuentes mediante la confiscación de activos o civil asset forfeiture, medida distinta a la extinción de dominio. (La ley mexicana en esta materia obstaculiza el decomiso, debido a que vincula la causa de extinción con la causa penal). c) Prevención. Creación y operación de un efectivo programa de prevención social, el cual debe ser implementado conjuntamente por el gobierno y la sociedad civil, para atacar los factores de riesgo social (adicción con pobreza, violencia vecinal, desempleo crónico, escasa escolaridad, ausencia de alternativas para jóvenes, etcétera), así como desplegar una intensa campaña contra las adicciones. (Conviene recordar la existencia de 7 millones de ninis, jóvenes que ni estudian ni trabajan y constituyen un sector de reclutamiento para los cárteles). d) Coordinación. Establecer una coor- dinación interinstitucional operativa entre corporaciones e instancias de inteligencia civil, policías, fiscalías, juzgados y tribunales, de tal forma que se propicie la integración de task forces dirigidas por una fiscalía autónoma.

México -ha dicho Buscaglia- no cumple con ninguna de las cuatro dimensiones... y para obtener avances, todas deben realizarse simultáneamente. Yo considero necesaria una quinta dimensión posterior a las demás: la despenalización de la producción, transporte y comercio del cannabis, tema que sólo apunto por ahora. Termino con un planteamiento de Buscaglia: la experiencia de 17 países que han mostrado un relativo éxito en la contención (combate y prevención) de los grupos criminales transnacionales indica que sus cuatro dimensiones requieren para su efectiva implementación de un previo acuerdo político y operativo entre la clase dirigente, sin protagonismos estériles. Resulta altamente satisfactorio, por todo esto, que el DIA haya dado el primer paso.

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